En la Europa medieval, el onomástico ejercía más influencia que el propio cumpleaños. Las celebraciones giraban en torno al santo patrón, reflejando la devoción religiosa y la vida comunitaria. Mientras reyes y nobles podían registrar sus nacimientos, la mayoría dependía del día de su santo como auténtica fiesta personal. Descubre por qué estas fechas eclipsaron los aniversarios individuales.
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