Los íberos y celtas: política, costumbres y legado
Descubre cómo los íberos y celtas organizaban sus sociedades, sus fascinantes costumbres y el legado arqueológico que dejaron. Desde sus estructuras políticas hasta sus rituales y arte, exploramos la huella de estos pueblos en la historia de la península ibérica. ¡Sumérgete en el pasado y conoce su impacto en la cultura actual!
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Los íberos y celtas fueron dos de los pueblos más influyentes en la península ibérica antes de la
llegada de los romanos.
Aunque distintos en muchos aspectos, ambos dejaron un legado cultural y arqueológico impresionante.
Los íberos, con su organización jerárquica y ciudades amuralladas, contrastaban con los celtas, más tribales y descentralizados.
¿Cómo vivían, qué creían y qué restos han llegado hasta nosotros?
Acompáñanos en este viaje al pasado.
Los íberos tenían una organización política jerárquica, con reyes o caudillos que gobernaban ciudades-estado independientes.
Estas ciudades estaban fortificadas y contaban con una aristocracia guerrera que controlaba el comercio y la producción.
Su estructura política favorecía alianzas y conflictos entre diferentes núcleos urbanos.
La influencia de fenicios y griegos se reflejaba en su administración y economía, lo que los diferenciaba de
los celtas.
Los celtas, en cambio, se organizaban en tribus dirigidas por jefes guerreros y consejos de ancianos.
No tenían un poder centralizado, lo que los hacía más flexibles pero también más vulnerables ante invasiones.
Su sociedad se basaba en la lealtad a la tribu y en la guerra como medio de prestigio.
Los druidas, sacerdotes y consejeros, tenían un papel clave en la toma de decisiones y en la transmisión
de conocimientos.
Las costumbres íberas reflejaban una sociedad guerrera y comercial.
Practicaban la metalurgia avanzada, fabricaban armas y joyas, y comerciaban con fenicios y griegos.
Sus rituales funerarios incluían la incineración y la construcción de tumbas monumentales.
También desarrollaron un arte refinado, con esculturas como la Dama de Elche.
Su escritura, aunque aún no completamente descifrada, muestra una cultura sofisticada y con influencias externas.
Los celtas tenían una cultura basada en la oralidad y la tradición.
Sus festivales, como Samhain, marcaban el cambio de estaciones y tenían un fuerte componente espiritual.
Practicaban sacrificios rituales y creían en la reencarnación.
Su arte se caracterizaba por motivos geométricos y espirales, reflejados en joyas y armas.
La música y la poesía eran fundamentales en su sociedad, transmitiendo historias y conocimientos de generación en generación.
La guerra era una parte esencial de la vida íbera.
Sus guerreros eran temidos por su destreza y su uso de armas como la falcata, una espada curva
letal.
Luchaban a caballo y utilizaban tácticas de guerrilla contra sus enemigos.
Sus fortificaciones, como los oppida, eran estratégicamente ubicadas para resistir ataques.
La lealtad a su ciudad y a su líder era fundamental, y la guerra era vista como una
forma de obtener prestigio y riqueza.
Los celtas también eran guerreros formidables, conocidos por su valentía y ferocidad en combate.
Usaban espadas largas y escudos decorados, y a menudo luchaban desnudos para demostrar su desprecio por el peligro.
Su caballería era altamente efectiva, y sus carros de guerra les daban ventaja en el campo de batalla.
La guerra no solo era una necesidad, sino una forma de vida que les otorgaba honor y reconocimiento
dentro de su tribu.
El legado arqueológico íbero es impresionante.
Sus ciudades fortificadas, como Ullastret y Bastida de les Alcusses, muestran su avanzada planificación urbana.
Sus esculturas, como la Dama de Baza, revelan su maestría artística.
También dejaron inscripciones en su propia lengua, aunque aún no completamente descifradas.
Los hallazgos de cerámica, armas y joyas nos permiten entender mejor su vida cotidiana y su relación con
otras culturas mediterráneas.
El legado celta en la península ibérica se refleja en los castros, asentamientos fortificados en el noroeste.
Lugares como Castro de Santa Trega muestran su arquitectura defensiva y su forma de vida.
Sus tumbas y ajuares funerarios revelan su relación con la muerte y el más allá.
Además, su influencia en la toponimia y en algunas tradiciones populares aún perdura en regiones como Galicia y
Asturias.
Los íberos desarrollaron una economía basada en la agricultura, la ganadería y el comercio.
Cultivaban cereales, vid y olivos, y criaban ovejas y caballos.
Su contacto con fenicios y griegos les permitió mejorar sus técnicas agrícolas y expandir su comercio.
Exportaban metales, cerámica y tejidos, y recibían productos de lujo a cambio.
Sus monedas, con inscripciones en su lengua, muestran un sistema económico avanzado para su época.
Los celtas, en cambio, tenían una economía más autosuficiente, basada en la ganadería y la metalurgia.
Criaban ganado para carne, leche y cuero, y eran expertos en la fabricación de armas y herramientas de
hierro.
Su comercio era menos desarrollado que el de los íberos, pero intercambiaban productos con otras tribus y con
los romanos.
Sus minas de oro y estaño fueron codiciadas por los invasores, lo que los convirtió en un objetivo
estratégico.
La religión íbera estaba influenciada por fenicios y griegos, con dioses como Betatun y Tanit.
Sus santuarios, como el de Castellar, eran centros de culto y peregrinación.
Practicaban sacrificios y ofrendas, y creían en la vida después de la muerte.
Sus tumbas contenían ajuares funerarios para el más allá.
La conexión con la naturaleza y los astros era fundamental en sus creencias, reflejada en sus rituales y
arte.
Los celtas tenían una religión animista, con dioses asociados a la naturaleza.
Lugares como ríos, montañas y bosques eran sagrados.
Sus druidas eran los intermediarios entre los dioses y los hombres, realizando rituales y sacrificios.
Creían en la reencarnación y en la conexión con los ancestros.
Sus festivales, como Beltane, celebraban el ciclo de la vida y la fertilidad.
Su espiritualidad influyó en muchas tradiciones posteriores.
El arte íbero destaca por su realismo y detalle.
Sus esculturas de piedra, como la Bicha de Balazote, muestran influencias orientales.
Sus cerámicas pintadas reflejan escenas de la vida cotidiana y mitológica.
También producían joyas de oro y plata con diseños geométricos.
Su arte tenía un fuerte componente simbólico, representando dioses, guerreros y animales sagrados.
Estas piezas nos permiten entender mejor su cosmovisión y su relación con otras culturas.
El arte celta se caracteriza por su estilo abstracto y simbólico.
Sus joyas, como los torques de oro, eran símbolos de estatus y poder.
Sus armas y escudos estaban decorados con patrones en espiral y figuras animales.
También tallaban piedras con inscripciones y símbolos sagrados.
Su arte influyó en el arte medieval europeo, especialmente en la ornamentación de manuscritos y objetos religiosos.
Su legado artístico sigue fascinando a historiadores y arqueólogos.
El legado de los íberos y celtas sigue vivo en la península ibérica.
Sus costumbres, creencias y arte han influido en la cultura actual.
Desde la toponimia hasta las festividades, su huella es innegable.
La arqueología sigue revelando nuevos hallazgos que nos ayudan a comprender mejor su mundo.
Conocer su historia nos permite valorar la riqueza cultural de nuestro pasado y entender cómo estas civilizaciones moldearon
nuestra identidad.
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